Meditación: Hacia la Sabiduría

Para muchos lo esencial en la vida es sufrir menos, para otros vivir la vida lo más plenamente posible, y finalmente, para unos pocos lo principal es descubrir la verdad que somos.

En cualquiera de los casos, el obstáculo principal siempre es la falta de visión y lucidez. Tanto si uno quiere ser más feliz, como si quiere aprovechar la vida al máximo, o si necesita conectar con lo más autentico, uno precisa despertar conocimientos claros y genuinos de lo que le rodea y además necesita desprenderse de todo aquello que es ficticio y mero aprendizaje.

El proceso para conseguir cualquiera de los objetivos que nos propongamos requiere despertar sabiduría. Las metas no se consiguen de repente sino que se van alcanzando progresivamente cuando uno tiene más lucidez y se hace cargo de atravesar las barreras que las impiden. Veamos una manera de describir este camino.   

ETAPAS HACIA LA SABIDURIA

La primera es una etapa de vivir con muchas ideas erróneas acerca de la vida, de los demás y de uno mismo. En ese periodo uno vive con mucho sufrimiento. Hay muchas experiencias de frustración, insatisfacción e incertidumbre, hay muchos miedos y una fuerte sensación de nunca conseguir lo que uno necesita. Las decisiones que uno toma siempre le llevan a dificultades y problemas, y cada cosa que surge es una carga más. En esta fase, todavía no hay sabiduría. Uno vive con unas reglas aprendidas en la familia, en el barrio o en la escuela, que siempre fueron erróneas. En realidad, uno sufre lo mismo que los familiares o los individuos de los que aprendió esas ideas y que viven conforme a ellas. Eso hace muy difícil que uno pueda cuestionárselas, puesto que se viven como la realidad y no unas meras pautas que podrían ser otras.

La siguiente etapa comienza con el roce con personas más felices que uno. Eso no implica que sean personas muy sabias y espirituales, sino simplemente que viven un poco más conscientes y libres. Recordemos que toda felicidad es una expresión directa del grado de realidad en que vivimos. Así, estas personas nos brindan la posibilidad de cuestionar nuestras concepciones adquiridas. En un sentido amplio, estas personas pueden considerarse como el maestro espiritual que necesitamos. Así, aunque sean personas corrientes, su papel en ese momento es el de nuestro guía, y si somos capaces de verlo así, más fácilmente dejaremos la primera etapa de error.

De manera que, la característica principal de esta segunda fase es la duda. Empezamos a dudar de todo, y al principio la duda es muy débil por lo que nos inclinamos a seguir manteniendo nuestra visión. Con el tiempo, conforme seguimos nuestro contacto abierto y sincero con lo que nos rodea. La duda cobra más fuerza y se estabiliza. Esta es una época difícil. Nuestro mundo seguro y estable se tambalea y no tenemos donde sujetarnos porque no queremos volver a caer en el engaño. La incertidumbre es tal que a veces volvemos a las creencias previas y a la seguridad de la ignorancia, y al mismo tiempo ya no podemos volver ahí, pues todo suena falso.

LA ETAPA DE LAS BUENAS CREENCIAS

Finalmente, la voluntad de llegar a conseguir lo que uno valora nos lleva a adoptar ideas más sanas y realistas. Tal vez, porque nos hemos relacionado con gente más feliz, porque hemos leído algunos libros, o incluso porque hemos conocido alguna escuela espiritual, hemos aprendido que las cosas son de otra manera. Del modo que sea, sentimos una firme convicción de que ciertas ideas son verdad. Aquí la práctica de la meditación nos ayuda a estabilizar esta nueva manera de pensar. Lo bueno de este momento es que al adoptar estas creencias, efectivamente, nos sentimos más felices que antes. En esta etapa, las ideas adoptadas están más cerca de la realidad y apenas contienen prejuicios culturales y sociales. Es decir, se considera que llegar a esta fase implica adquirir creencias más realistas. Por consiguiente, si lo que sucede es que uno adopta nuevas creencias pero erróneas seria un retroceso a la primera etapa de infelicidad.

El problema de esta etapa es que solo tenemos creencias, no hay conocimiento de que las cosas sean así. Uno tiene la convicción y la comprensión intelectual de cómo es la vida pero no lo sabe por propia experiencia. En realidad es en esta etapa donde estamos casi todos los que hemos emprendido un camino espiritual. Tal vez hemos conocido un maestro o un camino, y en ello hemos puesto toda nuestra fe y devoción. Adoptamos las prácticas que nos proponen y apostamos por ello poniendo toda la energía de que somos capaces. Así nos entregamos porque tenemos fe en que dará resultados. Escuchar a los maestros, leer y estudiar nos lleva a tener buenas creencias, pero las creencias suelen ser algo endeble y cuando en la vida surge un problema verdaderamente serio, (una enfermedad grave, la pérdida de un ser querido, etc.) incluso las buenas creencias se tambalean y se derrumban. Esto es, en esta tercera etapa que siempre hay posibilidad de crisis. Si no nos sucede nada grave uno puede vivir con sólo estas creencias muchos años y no llegar a nada más, pero a veces la vida es un maestro implacable y nos enseña que hay que transcender las creencias.

LA INDAGACIÓN

La siguiente etapa comienza cuando uno empieza a indagar en las cosas. Poca gente alcanza este nivel. Algunos empiezan a indagar y vuelven a las creencias, y otros pierden la fe en todo. Para llegar a este punto se requiere verdadera pasión y necesidad de conocer la verdad. Hasta ahora, cada uno era incapaz de profundizar, estaba tan perdido y condicionado que toda la energía vital se agotaba en mantenerse un poco equilibrado. Ahora, en este nivel, uno empieza a tener la capacidad de indagar y profundizar en lo que le rodea. Uno tiene claro que no le bastan las creencias de otros, por muy maestros que se denominen, ni siquiera de tradiciones por muy ancestrales que sean. No es fácil poner todo en cuarentena. En esta fase uno revisa todas aquellas buenas creencias para comprobar si son verdad en la propia experiencia. Hay un constante cuestionamiento y alerta. La meditación es menos pasiva y más penetrante, además no se limita a ciertos periodos de quietud y silencio sino que trata de extenderse a todas las situaciones. Por momentos uno empieza a tener indicios de la realidad de la vida y de sí mismo, pero son momentos efímeros e inconsistentes que apenas se pueden considerar vivencias. No obstante la capacidad de razonamiento y comprensión va creciendo día a día hasta llegar a la convicción clara de lo que es verdad. En esta etapa uno empieza a recoger algunos resultados de lo que buscaba. Si uno quería sufrir menos, la felicidad se hace más estable incluso ante situaciones difíciles y antes imposibles de soportar. Si uno quería vivir más plenamente, se despierta mayor creatividad, amor y apertura. Si uno buscaba conocer la verdad, hay muchos momentos de apertura, pequeñas rendijas de luz a través del sueño de la vida.

REALIZACIÓN DIRECTA

La última es la etapa de la realización estable. En esta fase se transciende la indagación y el análisis. Uno va más allá de comprobar y vivenciar. Tras todo el proceso hecho se ha despertado una lucidez y sabiduría completamente nuevas y frescas. No hay filtros de pensamiento ni conceptos implicados. El conocimiento de lo que nos rodea es directo e inmediato. No hay meditación. No hay nada que hacer ni camino que recorrer. En esta fase se produce una continuidad espontanea y natural de la conciencia que conecta con la realidad de lo que nos rodea. Ya no hay esfuerzo por conseguir felicidad o plenitud, o acercarse a la verdad. Todo queda simple y claro. Para llegar aquí uno ha tenido que soltarlo todo, uno ha dejado de ser el centro del escenario y ha descubierto que cada cosa que existe es una expresión perfecta de la vida. Al rendirse, emerge la sabiduría que se funde con aquello que las palabras no alcanzan.

Juan Manzanera

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