Sanar la mente, curar el cuerpo

Toda enfermedad es una indicación para que vivamos con más conciencia. Nuestro cuerpo y nuestra mente están interrelacionados de modo que cualquier dolencia es un síntoma de un desequilibrio interno mayor. Cuando nuestro compañero Paco empezó a meditar había tenido ya dos ataques al corazón; el silencio de la meditación le hizo darse cuenta de que mucho antes su cuerpo le avisó con repetidos problemas digestivos y una úlcera, y algunos meses antes de esto había empezado teniendo terribles jaquecas. Detrás de todo este proceso se hallaba su manera inconsciente de vivir, su descontrol y su falta de sensibilidad. La vida le fué avisando pero no escuchó hasta que las cosas se pusieron difíciles.

    Nuestra mente tiene mucho que ver con el desarrollo de una enfermedad y su curación. Hay ciertas actitudes tremedamente tóxicas para nuestro organismo:

Pesimismo. Cuando te crees que todo lo haces mal, que no sirves para nada, que tienes la culpa de todo, que no puedes hacer nada bien.

Sensación de haber perdido el control. Cuando no crees en tu capacidad de hacer que las cosas cambien, no crees en ti ni en tu poder personal. Sientes que no puedes hacer nada para controlar tu vida.

Hostilidad y cinismo. Se refiere a no creer en la bondad de los demás. Cuando sientes que no se puede confiar en nadie, piensas que todo el mundo es egoísta.

Falta de compromiso y entusiasmo con los retos de la vida. Señala cuando te abandonas a la fatalidad y no estás comprometido contigo mismo, con los demás y con la vida. Cuando no quieres ver que los cambios te ayudan a crecer y desarrollarte como ser humano.

Incapacidad de expresar los sentimientos. Ocurre cuando te cierras a los demás y te sientes aparte, sin contacto y sin intimidad. Indica una falta de amor a ti mismo y una sensación de que nadie te puede querer.

     También se ha comprobado repetidamente que hay ciertas actitudes mentales que favorecen la salud:

Optimismo. Aparece cuando no te culpas por lo malo que te sucede, entiendes que es algo pasajero que acabará solucionándose de alguna manera, no lo ves tan grave, no exageras las consecuencias futuras.

Capacidad de soltar. Quiere decir que no te aferras y sabes que todo acabará. No te pones fatalista ni te obsesionas.

Reirse de un mismo. Es dejar de tomarse tan en serio y dejar de dar un valor exagerado a las dificultades.

Sentir que puedes hacer algo. Significa que tienes confianza en que puedes controlar la situación y puedes hacer que algo cambie. No te sientes a merced del destino sino con poder para afectar lo que te llega. Sientes que tienes recursos para enfrentar el problema.

Encontrar sentido a lo que sucede. Cuando encuentras una explicación a lo que está pasando, ves su interrelación con tu pasado y con tus actitudes, entiendes su potencial para aprender algo. Lo ves como un reto que tiene sentido.

Compromiso con la vida. Cuando entiendes que la vida te trae esta circunstancia para que crezcas y cambies algo de ti, te sientes comprometido contigo mismo, con los demás y con la vida, y pase lo que pase quieres luchar para seguir.

Capacidad personal de cambiar. Sientes que tienes poder para cambiar, que la fuerza la tienes dentro de ti.

Valorar a los demás. Significa que te importan las relaciones con los demás, la amistad y que confías en los demás. Te preocupas por tener relaciones sinceras, por expresar tus sentimientos y por amar, y ser amado. Te preocupas por dar y recibir cariño y afecto. Sientes que el propósito de la vida es ser útil a los demás.

     Visto esto, conviene que empecemos a tomar conciencia de nuestras actitudes habituales. Como aconsejaban los antiguos manuales del espíritu, se trata de sentarse en silencio, crear espacio interior y revisar las actividades cotidianas hasta descubrir en la propia experiencia lo que nos hace más daño. Cuando identificamos las actitudes nocivas es preciso disponernos a realizar un cambio si queremos ser más felices. Para ello tratamos de potenciar las actitudes que más nos favorecen. Lo mejor es generarlas durante la meditación. Es decir, no es sólo cuestión de proponerse cambiar sino también de despertar, en un estado de conciencia claro, una actitud más optimista, amorosa, comprometida, etc. Mientras más las evoquemos más fácil será expresarlas. Todos tenemos estas actitudes benéficas, sólo sucede que están un poco dormidas. El estado de meditación es una excelente ayuda para despertarlas.

Juan Manzanera

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